Cuando ayudar también significa cuidar cómo comunicamos

Una reflexión sobre la solidaridad, el cansancio emocional y el compromiso de seguir presentes cuando las cámaras dejan de mirar.

Hay momentos en los que ayudar también significa detenerse.

Esta semana no he publicado tanto como me habría gustado. No porque haya dejado de pensar en Venezuela, sino porque necesitaba ordenar mis ideas, recuperar fuerzas y preguntarme cómo quería seguir comunicando todo esto.

Como muchos venezolanos que vivimos fuera del país, he sentido esa mezcla de impotencia, tristeza y responsabilidad. Esa sensación de querer hacer mucho más y, al mismo tiempo, no poder estar físicamente donde más nos gustaría.

Y creo que no soy la única.

Miles de personas están viviendo este proceso desde la distancia, intentando ayudar como pueden, mientras continúan con sus trabajos, sus familias y sus propias responsabilidades.

No es fácil.

Pero tampoco significa que estemos haciendo menos.

Cuando las cámaras dejan de mirar

Los terremotos que sacudieron Venezuela dejaron miles de familias afectadas y volvieron a poner en evidencia la fragilidad de muchas estructuras que el país arrastra desde hace años.

La respuesta internacional comenzó rápidamente. Equipos de rescate, organizaciones humanitarias y miles de voluntarios se movilizaron para atender la emergencia.

Pero hay una realidad que me ha acompañado estos días y que también encontré reflejada en una reflexión de Diplomacia Activa: la etapa más difícil apenas comienza.

La reconstrucción de una ciudad no termina cuando finalizan los rescates.

Tampoco cuando desaparecen las noticias de los medios.

Empieza mucho después.

Cuando las familias intentan reconstruir una casa.

Cuando un niño necesita volver a sentirse seguro.

Cuando una comunidad busca recuperar algo de normalidad.

Y eso requiere tiempo.

La ayuda también necesita continuidad

Vivimos en un mundo donde cada día aparece una noticia nueva.

Un nuevo conflicto.

Una nueva tragedia.

Un nuevo tema del que hablar.

Sin embargo, las personas afectadas no dejan de necesitar ayuda cuando el algoritmo cambia de conversación.

Por eso decidí mantener activa esta campaña.

No porque crea que una sola persona pueda cambiar una realidad tan compleja.

Sino porque creo profundamente en el efecto de las pequeñas acciones cuando muchas personas deciden sumar.

También he aprendido algo sobre las redes sociales

Durante estos días he visto surgir algo que me hizo reflexionar mucho.

Lo llamo la auditoría afectiva.

Parece que empezamos a medir quién ayuda más.

Quién publica.

Quién dona.

Quién guarda silencio.

Quién demuestra suficiente dolor.

Y, sin darnos cuenta, terminamos desgastándonos entre nosotros.

Creo que ese camino no nos acerca a la reconstrucción.

Nos aleja.

Porque quien ayuda también necesita descansar.

Quien sostiene también necesita ser sostenido.

Y nadie debería sentirse culpable por hacer una pausa para recuperar fuerzas.

Descansar no significa olvidar.

A veces, descansar también es una forma de seguir ayudando.

No todos ayudamos de la misma manera

Algunas personas ayudan con dinero.

Otras organizan centros de acopio.

Otras ofrecen su tiempo.

Otras verifican información antes de compartirla.

Otras acompañan emocionalmente a quienes lo necesitan.

Y todas esas formas de ayudar tienen valor.

No existe una única manera correcta de aportar.

Lo importante es no dejar de hacerlo desde nuestras posibilidades.

Mi compromiso

Desde el primer día me propuse algo muy sencillo.

Compartir únicamente aquello que pudiera verificar desde mi alcance.

Documentar el camino.

Mantener informadas a las personas que han decidido confiar.

Y seguir aprendiendo para ayudar mejor.

Por eso también me he inscrito como voluntaria online. Porque entendí que la buena voluntad necesita preparación y que siempre podemos ser más útiles cuando actuamos con criterio.

Sigamos presentes

La reconstrucción de un país no depende únicamente de gobiernos, organizaciones o grandes instituciones.

También depende de miles de personas que deciden no olvidar.

Que siguen presentes cuando las cámaras dejan de grabar.

Que acompañan incluso cuando ya no hay titulares.

Porque la solidaridad también necesita memoria.

Y mientras haya familias reconstruyéndose, todavía habrá espacio para seguir aportando.

Con el corazón arrugado.

Con la mente abierta.

Y con la esperanza intacta.

Estado de la campaña 🤍🇻🇪

Como prometí desde el primer día, quiero mantener este proceso con total transparencia.

Actualmente seguimos trabajando para alcanzar los 700 €, el importe necesario para liberar los fondos de la campaña y comenzar las primeras transferencias a familias afectadas.

Mientras tanto, mi familia y yo hemos seguido ayudando con nuestros propios recursos, porque entendimos que no siempre hay que esperar a llegar a una meta para empezar a actuar.

Gracias a todas las personas que han donado, compartido la campaña, enviado un mensaje de apoyo o simplemente han decidido caminar este proceso conmigo.

Si deseas conocer el estado de la campaña o sumarte a ella, encontrarás el enlace al final de este artículo.

Porque ayudar también es una forma de recordarle a alguien que no está solo.

ENLACE: https://www.gofundme.com/f/ayuda-solidaria-a-familias-venezolanas

Alejandra Barroeta

Autora del libro: Tu éxito desde el lienzo y Consultora Internacional en Comunicación Asertiva, Negociaciones y Reinvención Personal

🔗 LinkedIn: Alejandra Barroeta
📷 Instagram: @alejandrabarroetaex

Puedes adquirir el libro en: www.alejandrabarroeta.com

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